La Terapia de Precisión consigue en la primera sesión crear tu mapa de conflictos personalizado para que de manera visual tengas claro: qué te ocurre, por qué te ocurre y el plan concreto que seguiremos para resolverlo.
Sin dar vueltas durante meses.
Hay reacciones, conductas, emociones desagradables o pensamientos en tu vida que se repiten una y otra vez que, por mucho que te esfuerces en entenderlos o gestionarlos mejor, te siguen generando malestar.
Quizás tengas momentos donde "estás bien", pero los meses van pasando y eres consciente de que algo dentro de ti no termina de estar bien, ¿verdad?
Puede que la forma en la que lo cuentan nuestros pacientes te resulte familiar:
Haz este breve quiz y descúbrelo en menos de un minuto.
Creado por David Lanzas · Validado en más de 1.000 personas.
Hay un problema con empezar a trabajar en terapia sin un mapa: no sabes qué hay que tocar. Y cuando no sabes qué hay que tocar, el trabajo es más lento, más disperso, y muchas veces se abren cosas que no había que abrir.
Lo primero que hacemos con el Método de Precisión es, desde la primera sesión, construir ese mapa.
Antes de tocar nada, necesitamos entender qué te pasa de verdad. Los síntomas solo es la punta del iceberg. Debajo hay algo que lo sostiene y que lleva ahí mucho tiempo.
Por eso, en la primera sesión construimos juntos un mapa. En él se ve qué te está afectando hoy, cómo lo estás llevando, y de dónde viene que sigas en lo mismo aunque lo hayas intentado cambiar.
Y este mapa lo puedes ver delante de ti.
Para mucha gente, ahí encaja algo por primera vez. Lo que les pasa tiene una explicación concreta. En algún momento aprendieron a funcionar de una manera para sobrevivir algo que entonces les superaba, y esa manera lleva años corriendo sola, aunque ya no haga falta.
Y a nosotros ese mapa nos dice exactamente dónde trabajar. Tocamos lo que hay que tocar, y nada más. De ahí el nombre.
Con el mapa delante, lo normal sería ir directos a la herida que hay debajo. Todavía no.
De hecho, este paso es donde la gran mayoría de terapias suelen quedarse cortas. Y te explico por qué.
Te da herramientas. Aprendes a identificar pensamientos automáticos, a cuestionar creencias, a gestionar mejor la ansiedad del día a día. Mientras lo practicas, ayuda.
Van al trauma. Trabajas experiencias del pasado, procesas cosas que llevas años cargando. También ayuda.
Pero todas estas dejan fuera los patrones de afrontamiento y lo que hay debajo de ellos.
Un patrón de afrontamiento es un mecanismo que construiste, casi siempre en la infancia o en la adolescencia, para cubrir una necesidad que en ese momento no estaba cubierta: sentirte querido, visto, a salvo. Y como funcionó, tu cerebro la guardó y la convirtió en tu manera automática de responder.
Te pongo un ejemplo:
Imagina un niño cuyos padres solo le mostraban orgullo y cariño cuando traía buenas notas o conseguía resultados. Ese niño aprende algo muy concreto: si destaco, me quieren; si suspendo, ese cariño se enfría. Y construye un patrón de hiperexigencia: esforzarse sin descanso y no permitirse fallos para asegurarse esa mirada. En esa etapa de su vida, el patrón le protegió.
El problema es que el contexto cambia, y el patrón no. Ese niño hoy es un adulto al que nadie va a dejar de querer por descansar un domingo. Y aun así se levanta con la sensación de que va tarde, no se perdona ni un fallo y siente culpa cada vez que para. El patrón sigue al volante, conduciendo desde el pasado, respondiendo a una situación que ya no existe.
Este es solo un ejemplo. Hay muchos otros patrones y pueden desembocar en situaciones muy distintas: ansiedad, reacciones desproporcionadas, bloqueos, no poder parar de trabajar.
Y debajo del patrón hay algo más: una emoción que se quedó atrapada en esas experiencias tempranas y que nunca se trabajó del todo. Suele ser algo como la vergüenza, la sensación de no ser suficiente o el miedo al rechazo. Esa emoción sigue ahí, activa, y es la que mantiene el patrón funcionando aunque aquello que te marcó pasara hace décadas.
Por eso, si con esa parte en guardia vamos directos a la herida, tu mente se cierra. Lo hemos visto: personas que fueron al fondo demasiado rápido, se les removió todo de golpe y tuvieron que parar.
Así que primero nos sentamos con esa parte y la calmamos. Aprende a soltar un poco, a notar que ya estás a salvo. Y entonces te deja pasar.
Cuando eso ocurre, llegas preparado a las experiencias tempranas que llevan condicionándote toda la vida. Lo que antes te habría hecho parar la terapia, ahora lo puedes atravesar.
Y ahora, sí. Abordamos la emoción que lleva ahí mucho tiempo atrapada.
Eso que pasó seguramente ya lo entiendes con la cabeza. Y aun así, entenderlo no hace que deje de doler. Aquí trabajamos esas experiencias con EMDR, una terapia que procesa lo que te marcó estimulando los dos hemisferios del cerebro y lo libera del cuerpo, donde se había quedado guardado.
Y cuando por fin deja de doler, cambia algo real. Eso que llevabas años arrastrando empieza a aflojarse, tu sistema nervioso se relaja.
Es lo mismo que pasa con una infección de garganta. El ibuprofeno te quita el dolor un rato, pero como lo que tienes es una infección, en cuanto se pasa el efecto, el dolor vuelve. Lo que de verdad lo soluciona es el antibiótico.
Muchas terapias trabajan con el ibuprofeno. El Método de Precisión es el antibiótico.
Te pongo un ejemplo. Con un empresario que trabajé, en la primera sesión vimos que el pánico que tenía a hablar en público se originó en un recuerdo concreto: de pequeño le sacaban a la pizarra y los otros niños se reían de él. La vergüenza de aquel día se le había quedado ahí dentro. En una sesión trabajamos ese momento. Lo que me dijo al salir:
"Siento que este es el dinero mejor invertido de mi vida."
Te despiertas con el corazón acelerado, apagas la mente con una serie o con Instagram, y sigues probando cosas que ayudan un rato: deporte, respiraciones, meditación. Hasta que vuelve.
La tensión de fondo se apaga. Puedes estar en una comida, en el coche, en la cama, sin ese estado de alerta. Y por la noche no solo duermes: descansas.
"Gracias a Loreto he podido entender y calmar pensamientos que tenía en mi mente (algunos de los cuales no era ni consciente) pero que me llevaban a actuar de formas concretas. Esto me ha traído muchísima, muchísima paz. También he aprendido a analizar y calmar ciertas emociones incómodas que aparecen a veces y a superar miedos que limitaban mi día a día. Tiene una gran capacidad para hacer que todo fluya y parezca sencillo con un mínimo esfuerzo detrás por su parte. Pero lo mejor de Loreto es ella como persona. Desde el momento que hablamos por la primera sesión me transmitió muchísima confianza, calma, bondad, dulzura, sensibilidad y empatía. Siempre me he sentido comprendida, valorada, tenida en cuenta y nunca juzgada. Un mix maravilloso de profesional y persona que siempre estaré agradecida de haber encontrado."
Más horas, otra reunión, otro objetivo tachado. La culpa aparece cada vez que bajas el ritmo, y la factura la siguen pagando tu cuerpo, los tuyos y las ganas de disfrutar lo que has construido.
Sigues siendo ambicioso y sigues creciendo, pero eliges cuándo parar sin que aparezca la culpa. Y el "¿y ahora qué?" deja de aparecer: lo que consigues vuelve a llenarte.
"Para mí la terapia con María ha supuesto encontrar luz en un momento donde no veía ni una mínima chispa. Con su paciencia y cariño al intentar entenderme creo que ha conseguido que poquito a poco yo pudiera ver cosas que no era capaz y también de hacerlas por mí misma. Quería agradecerle en especial esa paciencia, cariño y comprensión que al hacer la terapia muestra porque muchas veces si no vives situaciones creo que es muy complicado ser empática con esa persona y ella lo es."
El comentario de tu pareja, la pregunta de tu madre, la frase de tu socio delante del equipo. Lo ves venir y, aun así, algo decide por ti.
Algo se activa, lo notas, y por primera vez hay un espacio entre lo que sientes y lo que haces. Respondes tú.
"Empecé terapia porque sentía que algo iba mal a pesar de que todo estaba bien, así que el primer paso fue descubrir qué pasaba. Fueron 3 años y algunos meses que estuve acompañada de la mano de Cristina González, en una jornada de autoconocimiento y reprocesamiento entre el pasado y el presente. En Cris he encontrado empatía, confianza, amabilidad y profesionalidad. No solo puedo reconocerme, como también me llevo un montón de aprendizajes para ser una adulta funcional. Aunque no pueda aplicar la técnica de EMDR en otros procesos, seguro que recordaré los demás ejercicios en los apuros del día a día. Ha sido un camino muy bonito y emocionante."
Aquello que ya entiendes con la cabeza se sigue despertando con cualquier roce, como si acabara de pasar.
La herida pasa a ser cicatriz: puedes tocarla, hablar de ella, recordarla. Ya no duele.
"Carolina es de las mejores terapeutas que he conocido nunca. Llegué con una idea muy clara a trabajar y hemos ido directas y al foco, con respeto y calma pero sin irnos a rebuscar de más, algo que me había pasado en otros procesos. Además la técnica de EMDR me ha dado una calma y una confianza en la vida que jamás había experimentado. Todo el proceso está siendo increíble y en tan solo 4 sesiones siento que algo en mí ha cambiado por completo. Quiero añadir el cuidado y acompañamiento desde el minuto 0 haciendo la llamada con Iván me hizo sentir muy tranquilo. Es un equipo impecable."
Cada año que pasa no es solo un año menos: es un año más en el que ese malestar se va fundiendo con quien eres. Dejas de sentirlo como algo que te ocurre y empiezas a creer que simplemente eres así. Y separarlo cuesta más cuanto más tarde se empieza.
Reservar llamada de valoración gratuita →El equipo de Instituto Lanzas está compuesto por psicólogos sanitarios especializados en el Método de Precisión y certificados en EMDR. David supervisa todos los casos en sesiones clínicas quincenales. Revisa, orienta y ofrece criterio clínico. Está en cada caso aunque no lleve la sesión directamente.

David es psicólogo especialista en trauma, ansiedad, autoestima y es fundador de Instituto Lanzas, un centro de psicoterapia 100% online.
Creador del Método de Precisión, método de trabajo terapéutico con el que consigue reducir los tiempos en terapia de los pacientes que acuden a consulta.
Junto con su equipo ha ayudado a más de 1.000 personas en los últimos 10 años y cuenta con más de 600 alumnos del ámbito de la psicología y psiquiatría.






Trabajamos online porque el trabajo emocional no depende de estar en la misma habitación. Depende de que haya seguridad y precisión en cada sesión. Y como lo haces desde tu casa, lo que cambias en una sesión sigue contigo en tu día a día, en el sitio real donde te pasan las cosas.
Al principio, recomendamos una vez a la semana para que el proceso tenga continuidad real. Si eso supone un esfuerzo económico o de tiempo, una vez cada dos semanas también funciona. Según avanzas y te vas sintiendo mejor, las sesiones se van espaciando hasta el alta.
Trabajamos sesión a sesión, sin bonos ni compromisos por adelantado. Una terapia que funciona se tiene que notar. Si no lo notas, no tiene sentido seguir.
Desde la primera sesión construimos el mapa de conflictos. Aquí no nos gusta perder el tiempo. No hay un período de semanas en las que simplemente hablamos de lo que te ocurre sin saber a dónde vamos.
"Mi experiencia con María García está siendo muy grata. Nunca antes había hecho terapia online porque, de alguna manera, creía que la conexión de trabajar en persona se perdía. Sin embargo, tras varias sesiones con ella, he notado que la distancia no tiene por qué ser un factor relevante. María ha sabido crear un ambiente en el que me siento seguro, no juzgado y escuchado, en el que puedo expresar mis inquietudes sabiendo que sesión tras sesión hará un seguimiento muy profesional de mi evolución."

Seguir como estás no es gratis. Nadie lo pone en números, pero se paga a diario: con la ansiedad descontrolada, con madrugadas repasando conversaciones, con discusiones que no tocaban, con planes que acabas evitando y con logros que ya no te saben a nada.
El coste de trabajarlo, en cambio, sí lo puedes calcular. Lo más probable es que ya hayas invertido bastante más en intentar solucionarlo por otros caminos. Libros, formaciones, otras terapias que ayudaron un rato y luego se quedaron cortas.
Sumando todo eso, el cálculo suele sorprender. Y casi siempre es más de lo que te va a costar empezar este proceso.
La diferencia es que aquí cada sesión tiene dirección. Sabemos de dónde venimos y adónde vamos desde el primer día. La terapia convencional alarga los tiempos porque sin un mapa claro, el trabajo es mucho más lento.
Hemos colaborado con medios y marcas como:
El objetivo de esta llamada es que nos cuentes tu situación y ver si tiene sentido seguir adelante. Sin compromiso. Reserva el día que mejor encaje contigo en el calendario y nosotros te llamamos por teléfono.
Construimos contigo el mapa que nos dice exactamente por dónde empezar. Sales de la primera sesión entendiendo qué te pasa y con la tranquilidad de ver que tiene salida, en vez de meses hablando sin rumbo.
Sin bonos ni paquetes. Solo continúas si sientes que avanzas. Las sesiones se van espaciando conforme vayas mejorando hasta dar el alta.
Sin darle quince vueltas durante semanas. Sin revisarla mentalmente por la noche para ver si te equivocaste.
Pensar, respirar, responder. En lugar de decir algo de lo que luego te arrepientas durante días.
Sin el corazón acelerado por la mañana, sin esa tensión de fondo acompañándote durante el día.
No se queda en bucle mientras intentas dormirte, repasando una reunión o lo que tienes pendiente mañana.
Sin el peso que tenían. Las recuerdas, pero ya no te afectan igual.
Reserva una llamada, nos cuentas tu situación, resolvemos tus dudas y valoramos juntos si tiene sentido empezar.