En la primera sesión. Con el mapa de conflictos, tu paciente sale de la primera sesión con su caso delante y un plan que entiende. Cuando lo entiende, le cuesta mucho menos seguir. Y si el caso viene desordenado, vas colocando las piezas según salen y el mapa las ordena por ti. Luego lo sigues llenando sesión a sesión: cada diana marcada como pendiente, en curso o trabajada, con su curva de mejora. Y el día que siente que no avanza, se lo enseñas: aquí estabas el primer día, aquí estás ahora.
Mientras tu paciente te cuenta que hace meses que no duerme, ya no vas sosteniendo en la cabeza qué te falta por preguntar y dónde encaja cada cosa: ese orden lo lleva el mapa. Tú no le quitas los ojos de encima, y te fijas en cosas mucho más sutiles.








